Más aventuras de las deseadas 20/01/2012 - Primer contacto
Tenía ganas de volver a Libia y en especial al Murzuk, que es el mejor desierto que conozco y que me tiene enganchado.
La primera vez me fui con mi Toyota FZJ 80 4.5 Autana, la segunda vez que me atreví a cruzarlo, fue en camión, en un Man Kat1 6x6. Así, que esta tercera vez, quería ir a jugar a las dunas, y me fui con un Buggy Polaris RZR S y tengo que reconocer que ha sido la conducción más placentera de todas, donde sólo hay diversión y no ves el peligro por ningún lado.
Todo empezó cuando me llamaron un grupo de motoristas porque necesitaban un camión, que acompañase al suyo a entrar en el Murzuk. Lo querían cruzar con las motos en 5 o 6 días y necesitaban una seguridad extra. Es imprescindible recorrer este desierto con al menos dos camiones, porque con uno sólo al mínimo problema, es muy difícil y costoso, buscarle la solución, pensando sobre todo en un vuelco, que es la avería más propicia. Yo no quería llevar el mío, así que me puse manos a la obra y contacté con un guía Alemán, que ya viaje otra vez con él y que posee un camión 6x6, como el mío. A los motoristas les parecía bien, se llego a un acuerdo para llevar un guía con experiencia y todos contentos. También hablé con Tono, un amigo mío y conocedor como nadie de los camiones Man Kat 1, así que se animó y vino también con otro 6x6, que dicho sea de paso es la mejor configuración para el desierto ya que el 4x4, en las bajadas es muy inestable y el 8x8 es muy poco maniobrable en las dunas ratoneras. Sólo necesitaba hacerme un hueco entre las motos para cargar mi buggy en un camión y a disfrutar...
Por una huelga en la naviera que tenía que partir desde Marsella, los 3 camiones tuvieron que ir hasta Italia para poder coger un ferry que les llevase a Túnez, donde yo les esperaba. Túnez acababa de terminar con las revueltas que terminaron con la expulsión del que mandaba, pero aún por las calles se respiraba un clima bastante tenso, con presencia de mucho militar, así que opté por quedarme en el hotel los 2 días que tuve que esperar a la expedición.
Pasaba gran parte del tiempo en el ordenador cutre que tenían en la cafetería, así que probé un SPOT que estrenaba en el viaje, por "si acaso". Es un aparatito que te manda una señal vía satélite a un móvil o correo electrónico preestablecido dando las coordenadas exactas donde estas. Me dejo fascinado con que exactitud enviaba la imagen al mapa de Google, señalando donde estaba en ese momento. Como leeréis después, este aparatito fue primordial, en nuestras vivencias por el desierto de Libia.
Llegó el día y la hora donde me reencontraba con los camiones, así que me cogí un taxi y me fui al puerto de "La Goullette" a esperarlos. Por el camino y casi llegando al mismo, la carretera cortada y muchas ambulancias por todos los lados. Estoy sólo en un país que ha tenido revueltas, en un escenario que no invita al optimismo y rodeado de ambulancias, sin saber que pasaba. Mi curiosidad se incrementa y me bajo del taxi y veo en las vías del tren que hay un vagón volcado, de un tren que había descarrilado. Se oye que hay varios muertos y bastantes heridos, así que yo poco podía hacer allí para ayudar y decido sacar la maleta del taxi e ir caminando hasta el puerto, apenas quedaba 1 Km., y allí tranquilamente esperarles sentado en algún banco.
Desde mi banco, observo una pareja que me llama la atención. Un tío de unos 40 años con pintas de alemán o Ingles y un chaval de la zona que no pasaría de los 16 años en actitud bastante cariñosa. Me quedo observándolos y veo que el turista saca la cartera, seguramente para pagar "algún servicio", el chaval se la arrebata y sale corriendo y el turista empieza a correr detrás de él. La carrera duro varios minutos por las calles alrededor del puerto, él turista jurando en su idioma, pero el chaval corría un poco más y no pudo alcanzarle, así que se quedó sin su cartera y sin su "amor". Otra lección que aprenderá rápido en estos países en que jamás debes enseñar donde llevas la pasta y que hay amores que matan.
Empieza la ruta
Por fin veo a los camiones en la frontera, dispuestos a pasar por la última cabina. Una frontera que de lo normal se tarda unas 2 a 3 horas, esta vez y no se sabe bien porqué, quizás por que el nuevo gobierno quiere acoger con los brazos abiertos a los turistas, lo pasaron en apenas 15 minutos, sin tener que dar todas esas vueltas absurdas de ventanilla en ventanilla, para aclarar la carga de 15 motos y un buggy que llevaban los camiones. También hay que decir, que éramos de los pocos turistas que bajaron del ferry, junto otro grupo de italianos, pero nada que ver con las avalanchas de franceses que normalmente desembarcan por aquí.
Salimos de la cuidad con destino a las playas de Hammamet, donde pasaríamos la noche. Tenemos 5 días para llegar hasta el sur de Libia y nos lo tomamos con mucha calma. Allí, vía avión, llegaran el resto del grupo (15 personas) mucho más descansados que nosotros, que vamos 6 personas repartidas en 3 camiones y que recorreremos más de 2000 Km. hasta el reencuentro.
Por la mañana, últimas compras en Túnez y esa noche la pasamos cerca ya de la frontera con Libia, concretamente en el pueblo de Medenine y con intenciones de pasar hacia el mediodía para poder recorrer bastantes kilómetros antes que se ponga el sol, porque no queremos conducir de noche.
Formalizamos nuestro habitual "soborno" a los guardias de la frontera a base de buen whisky, para agilizar los trámites aduaneros. Lo que no saben es que es de garrafón y rellenado en botellas de Cardú. Y en unas 4 horas estamos listos para continuar el viaje por tierras de Libia. En alguna ocasión hemos llegado a estar hasta 8 horas para cruzarla. Esta vez fueron rápidos y sin muchos "tocahuevos". Esperamos a los de la agencia de viajes que nos traen al guía y al policía, que son obligatorios cuando entras en este país y que nos acompañaran durante todo el trayecto.
Conocemos unas carreteras secundarias que nos ahorran unos cuantos Km. para coger la carretera que baja hacia el sur, pero cual es nuestra sorpresa, que nos obligan a realizar el trayecto por la autovía, pasando cerca de la capital, Trípoli. Es una vuelta de bastantes más Km. y es la peor autovía, en cuanto a tráfico, de las que conozco, te adelantan por la derecha, por el arcén, donde hay dos carriles entran 3 y hasta 4 coches a la vez, en fin toda una odisea, pero que no tiene solución. El poli se pone muy pesado en ese aspecto, por donde tenemos que ir, así que ya de noche y con un tráfico horroroso, llegamos hasta el hotel, donde pasaríamos la primera noche en Libia. El guía y el policía, como estamos fuera de nuestra ruta habitual y no conocemos la zona nos recomienda un hotel "de Gadaffi" como casi todos, pero lo que creo es que nos quieren tener bien vigilados. Las miradas del personal del hotel les delataban. Noto una sensación un poco rara, pero quizás sea porque no conozco el sitio.
La noche siguiente la pasamos en el camping de Sebha, parada habitual, ya en nuestra ruta de siempre, donde repostamos hasta los topes de agua, gasoil y gasolina para las motos, ya que durante muchos días no íbamos a poder hacerlo. La capacidad de carga de estos camiones es realmente asombrosa, hay sitio para todo. Llegamos con un día de adelanto sobre el programa previsto y una vez en el camping de Tekarkiba, punto de encuentro con el resto del grupo, bajamos todas las motos, las preparamos y disfrutamos de unos paseos por los lagos del Awbary, que estaban relativamente cerca de donde estábamos.
Primer contacto con el buggy
Una vez puesto a punto mi buggy, me doy el primer paseo por las dunas y ¡joder! ¡que gozada!. Creo que voy a disfrutar como un niño con este juguetito que me he traído. Duna arriba, duna abajo, laterales, saltos, pasos de cresta con inclinación, todo lo que no te atreves a hacer con el todo-terreno lo puedes hacer con el buggy, esto no vuelca ni queriendo, pensaba yo, y gracias a dios así fue. Aunque hubo porra de que ocurriría. En dos días ya le había metido casi 200 Km. y el cacharrin iba de maravilla, me lo estaba pasando en grande.
Al día siguiente llega el grupo, muchos con cara de cansados y la mayoría con ilusión por empezar una de las travesías más fascinantes que se pueden hacer en un desierto. Para las motos va a ser, un escenario único, donde van a poder jugar en cada una de las dunas, algunas de más de 300 metros de altura y en donde los camiones tienes que ir buscando la duna más fácil, pero que aún y todo son de una gran dificultad. La misión de mi buggy es aquí fundamental: tengo que buscar la mejor ruta. Si queremos cruzarlo en 6 días como máximo, los camiones no pueden tener apenas atascos y entrar en un cordón de dunas sin una salida fácil, puede ser un infierno, así que mi misión era ir encontrando todo el rato el mejor paso entre las dunas. Todo el rato para adelante y para atrás y cuando encontraba el paso bueno e idóneo para meter los camiones, les marcaba la ruta y lo hacían sabiendo que hay una salida lo suficientemente suave como para cruzar el cordón de dunas y así un cordón tras otro hasta completar los casi 450 Km. que tiene desde la entrada hasta la salida.
Empezamos a tener algún problema que otro con el teléfono satélite, que es imprescindible, para poder entrar en el Murzuk, donde vamos a estar 5 o 6 días incomunicados con el exterior y sólo el satélite te puede ayudar en caso de una emergencia. No le dimos importancia, porque pensábamos que era muy puntual. Yo por si acaso activaba mi Spot, todos los días a la mañana y la tarde, más que nada que me quedase marcada la ruta y en casa pudieran seguir por donde andaba.
Sin cobertura
Fue una vez entrado en el desierto cuando dejaron de funcionar totalmente los teléfonos, pero los ánimos estaban demasiado eufóricos como para abortar el viaje, siempre pensando que "mañana" volverían a la normalidad. Hubo un aviso común para todos y se advirtió de que en caso de un accidente, no podríamos contactar con nadie, así que había que extremar la prudencia. Eran grandes moteros, así que eso nos tranquilizaba un poco. Yo por mi parte sabía que era muy difícil tener un accidente con el buggy, pero por si acaso siempre iba bien atado y con los cinco sentidos en la conducción. Los camioneros son prudentes por naturaleza, así que por su lado también tranquilidad.
Los primeros días transcurrieron según lo previsto, todo el mundo disfrutando del momento, los noveles no daban crédito a lo que veían todo el rato, unas dunas que las disfrutaban, como el mejor surfista en las grandes olas. Los camiones a su ritmo, sin prisa pero sin pausa y sin ningún percance grave, que era lo importante. Las presiones tienen que ir tan bajas, a unos 0,5 a 0,8, que alguna vez desllantaban en alguna maniobra brusca, pero en unos minutos se arreglaba y a continuar ruta. Chapó para los integrantes del camión de los moteros, un Iveco de casi 400 CV, muy valientes, para ser la primera vez en el Murzuk. Tenían experiencia en la arena de Mauritania, pero como ellos mismos reconocían, nada tiene que ver con el Murzuk. Pero sobre todo eran grandes compañeros que se prestaban rápidamente para ayudar en lo que fuera.
Este camión en un paso un poco complicado, optó por tirarse cara abajo, antes de arriesgar y provocar un vuelco y se metió en un olla de difícil salida. No había forma de sacarlo, por sus medios no podía y era imposible llegar con las eslingas, así que se optó por vaciarlo, quitarle casi 2000 Kg. de agua, comida, bolsas, etc. Nos costó un rato, pero estábamos más de 20 tíos, así que habiendo muchos voluntarios, lo vaciamos relativamente pronto y fueron suficientes los kilos que le quitamos para poder salir después de la olla sin complicaciones. A veces esos kilos de más, son muy traicioneros para poder salir airosos en algunos pasos. Este camión es un 4x4 y el peso le penaliza mucho más que a los 6x6.
Por las noches, todo era fiesta en el campamento, lo primero y antes de caer el sol, se hacían las motos y el buggy: mirar aceite, limpiar filtros, comprobar presiones, repostar, etc., para dejarlas listas para el día siguiente, después una gran cena como todos los días. Allí se comentaban todas las anécdotas del día y se respiraba un gran ambiente. Muchas bromas y gran compañerismo. Teníamos grandes cocineros y buena materia prima, así que una gran combinación para que estuviese todo exquisito. Por supuesto cervezas muy frías para las gargantas resecas. Alguno sufría más de la cuenta al día siguiente pasando dunas y se acordaba de los cubatas de la noche anterior. Aunque todos los días el paisaje era muy parecido, dunas, dunas y mas dunas, todos estábamos disfrutando muchísimo, cada uno con su vehiculo. Los días iban pasando y nadie decía estar cansado. Eso era buena cosa.
Problemas...
En los últimos Km. de ruta, cuando ya estábamos saliendo del Murzuk, me entra un mensaje vía satélite, lo habíamos llevado encendido por si acaso toda la ruta, pero nunca tenía cobertura y decía lo siguiente: "Libia esta en guerra, quedaros donde estáis, que os vamos a sacar de ahí".
Mi cara debió ser todo un poema, no tenia palabras y me quede unos minutos intentando explicarme lo que estaba leyendo en el teléfono. Empecé a poner los ¿Pooorqueee? , como dice Mourinho, a que nos mandasen por aquella carretera, a que nos llevasen a un hotel muy controlado, a que no funcionasen los teléfonos satélites...
Los habían cortado para intentar controlar las revueltas y por eso creo que la situación que vino después llevaba tiempo cociéndose y aunque creían que la podían controlar, no había sido así.
Reunimos a todo el grupo y les explicamos la situación, no hubo ninguna reacción de pánico, ni nada parecido y eso también hay que agradecérselo a todos los participantes de esta travesía. Son un gran grupo, que van siempre juntos y en situaciones como ésta, se nota. Sólo nos quedaba esperar e intentar hablar con casa para poder saber realmente que pasaba. No había forma, los teléfonos satélites seguían sin cobertura y sólo Dios sabe porqué me llegó ese mensaje en ese momento. La travesía prevista una vez salidos del desierto era volver al camping y de allí vía Trípoli salir en vuelo para España y los camiones por carretera, también vía Trípoli buscar la frontera de Túnez. Seguramente por el camino más inseguro, para regresar.
El mensaje era claro, no nos podíamos mover sin saber que pasaba en Libia, y porque en principio era eso lo que me ponía en el mensaje recibido. Nosotros estábamos en el desierto y allí era territorio "seguro". Ni los romanos en su época, ni los nazis en la segunda guerra mundial, pasaron por el Murzuk, así que nadie iba a entrar al desierto porque entre otras cosas allí no hay nada, no vive nadie, sólo hay arena.
Durante la noche le di muchas vueltas a la cabeza y así como yo, casi nadie pegó ojo. Esa misma noche el policía y el guía se fueron hasta el pueblo más cercano para intentar traer algo de información, eran unas 4 horas en coche, así que ya no los veríamos hasta el día siguiente, si es que volvían, por que igual les "hacían prisioneros" y cantaban donde estábamos el grupo e igual venían a por nosotros y también nos hacían prisioneros. Nunca me había tocado estar en un país "en guerra", así que la imaginación trabaja mucho y llegas a pensar cualquier cosa...
Nos levantamos como de costumbre, pero la gente desayunó algo más de lo normal, no vaya a ser que sea lo último bueno que comamos en tiempo, pensó alguno. Las horas se hacían eternas, hasta que a media mañana aparecen el guía y el policía con la información que todos deseábamos escuchar. Según ellos "No pasa nada", sólo algún tiroteo en el norte del país, pero que estemos tranquilos y que nos relajemos. Sus caras decían todo lo contrario, yo les noté demasiado nerviosos como para ser ciertas las noticias que traían. Tal vez por que aún tenían que cobrar parte de sus honorarios con nosotros, así que liquidamos las cuentas con ellos, por saber si esa podría ser una de las razones de que nos estuvieran mintiendo.
Como no recibíamos ningún mensaje por el satélite y seguíamos sin poder conectar con nadie, allí no podíamos quedarnos eternamente y tampoco teníamos víveres para quedarnos muchos días allí, decidimos acercarnos todos también hasta el pueblo y poder llamar desde algún teléfono local a casa e informarnos de lo que realmente pasaba. Nos quedaban 4 horas de ruta, sabíamos que teníamos que pasar por un puesto militar que hay en la ruta hasta el pueblo y eso nos preocupaba. Una vez a su altura no vimos nada extraño y sin parar decidimos continuar, porque si era cierto lo de la guerra, tampoco sabíamos de que lado estaban los militares de esta zona.
Unos Km. más adelante nos cierran el camino dos Toyotas con militares armados. Cuando estamos todos reagrupados con ellos y tras unas palabras en árabe con nuestro guía, nos dejaron continuar nuestra ruta. No nos aclaran nada, así que seguimos hasta el pueblo.
Casi al anochecer llegamos al pueblo de Serdeles o Al Awaynat, donde aparentemente todo esta normal y tranquilo. Igual tenían razón nuestro guía de que no pasaba nada y el que mandó el mensaje exageró demasiado. Pasamos la noche en el camping del pueblo, pero antes intentamos hablar con nuestras familias, con la embajada... y poco a poco fuimos enterándonos de que pasaba realmente. Nuestros teléfonos seguían sin tener cobertura, y si conseguías línea, a la siguiente llamada ya no pillabas cobertura. Se ve que una vez que utilizabas un móvil extranjero, de alguna forma te lo inutilizaban, pero lo que si funcionaban eran los teléfonos locales, así que compramos unos cuantos y se cargaron con el máximo posible, pues con las conferencias al exterior se agotaba el saldo rápidamente.
Parece que no es para tanto
La situación no era tan dramática como en el mensaje, pero si que estaban evacuando a todos los turistas y el jefe de seguridad de la base de Repsol en el país, junto al cónsul estaban llevando a cabo la misión de sacar a todo español que ándase por allí. Nuestro problema era que nadie había podido hablar con nosotros durante todos esos días. Las noticias de la televisión "de Gadaffi" era normalidad y de fiesta en Trípoli. Sólo se veían imágenes de apoyo al líder, así que esa información no era real y no nos valía. Cuando pillábamos el canal de France 24, no siempre, por que en el bar del camping, donde estaba la televisión había un grupo de personas, con pinta de "polis de paisano" que sólo querían ver la televisión nacional, la situación cambiaba radicalmente y se veían los disturbios con muertos de Trípoli, de Bengasi, y de otras ciudades del norte, que aunque estaban muy lejos de nosotros, no sabes hasta donde pueden llegar a acercarse las revueltas, ni cual va ser el siguiente pueblo en comenzar las trifulcas. Tampoco sabíamos exactamente si respetaban a los turistas, o podían ser objetivos para propaganda gratuita de algún exaltado. Hablamos con el cónsul de España en Argelia, que estaba intermediando con la policía de Ghat, para abrir una frontera con Argel que llevaba más de 30 años cerrada y poder evacuarnos por allí, vía Djanet (Argelia).
También se barajaba el mandarnos un helicóptero, que entrase de "extranjis" en territorio Libio y sacarnos rápidamente, pero eso suponía dejar todo el material que eran los 3 camiones, las 15 motos y mi buggy y la verdad nadie tenía ganas de deshacerse de tan valioso material.
También nos comunicaron que sabían donde estábamos en todo momento y que estábamos bien gracias a mi SPOT, que todos los días llegaba el mensaje con las coordenadas y que por eso sabían que nos movíamos por las dunas del Murzuk con aparente normalidad.
Los dichosos pasaportes
Teníamos un problema añadido, y era que todo el grupo que había venido en avión, se encontraba sin pasaporte, pues se los quedo la agencia de viajes, porque a los 5 días que entras en Libia, hay que volver a sellar con un cuño especial, si no lo haces en tiempo tienes una fuerte multa y como íbamos a estar dentro del desierto, pues se los queda la agencia y a la salida te los entrega para el regreso por Shaba, cara a Tripoli. La oficina de la agencia estaba a más de 400 Km., así que mandamos a un taxista a por ellos. Sin ellos se complicaba aún más nuestra salida y entrada a Argelia por Ghat. Decidimos continuar hacia el sur y acercarnos a Ghat, unos 90 Km., pues nuestro ritmo de viaje con los camiones es de 70-80 Km. /hora y el taxista puede ir a 120, así que era mejor esperarle allí y ganar algo de tiempo. Nuestra sorpresa fue que la policía local de Serdeles nos prohibió el paso hacia el sur, porque decían que el jefe de policía del puesto fronterizo de Ghat no autorizaba la salida por allí de ningún turista, así que más nervios. Estábamos retenidos, por decirlo de alguna manera, en un pueblo a casi 100 Km. de la frontera.
Por fin nos dejan ir al cambiar al jefe ya que el nuevo nos facilita la salida. El cónsul nos confesó después que fue muy difícil la negociación, pues cambiaron esa mañana 5 veces de jefe y sólo uno le autorizó nuestra salida. El cónsul nos comunica que en el otro lado, es decir en la frontera con Argelia, nos espera la gendarmería argelina y que nos custodiaran durante el recorrido por toda Argelia. Nos dan las coordenadas de la frontera, para no cometer ningún error y meternos por otro lado, que sería catastrófico. Se barajó salir a las bravas, porque estábamos a unos 40 Km. en línea recta con la frontera, y unas motos por el desierto son muy rápidas y difíciles de perseguir, pero los camiones llaman mucho la atención y son bastantes más lentos, así que esa opción la descartamos.
Cargamos todas las motos en los camiones e intentamos contratar un microbus para las 15 personas, finalmente fueron 3 pick up´s del pueblo que hicieron de taxi y que harían la misma función, pero a los taxistas cuesta convencerles porque su trayecto acaba en el otro lado de la frontera, a unos 200 Km. dentro de Argelia y son un poco negativos a la idea de cruzar la frontera. Por fin acceden y la verdad, se portaron muy bien.
Tras dos horas de viaje, para recorrer los 90 Km. hasta Ghat, las carreteras son malísimas con un piso lleno de agujeros y grietas y hay que ir muy despacio, llegamos y nos hacen aparcar los camiones cerca de la comisaría. Aun tenemos que esperar bastante pues al taxista que viene con los pasaportes lo han detenido en un control de carreteras y no ha podido o no ha sabido explicar que hacia con 15 pasaportes que no eran suyos y después de 5 horas de interrogatorio, lo dejaron.
La espera cerca de los camiones se hace pesada y la incertidumbre agobia a más de uno. Sacamos nuestro jamón, alguna cervecita y apuramos nuestras últimas horas en Libia, de la mejor manera posible para calmar un poco los nervios. Se empiezan a ver aviones militares volando bastante bajo, así que o están tomando posiciones o quieren intimidar a la población, para que nadie se revuelva. También se acercan hasta nosotros unos reporteros de la televisión de Gadaffi, me imagino que para mostrar que en el país no pasa nada, y demostrar que hasta los turistas se divierten. Les seguimos el rollo, y Tono que es al que entrevistan, sólo habla de lo maravilloso que es el país, de lo bien que nos tratan, de lo bien que se está y bla, bla, bla. no vaya a ser que cuentes lo que no quieren oír y al jefe de la policía que está tramitando nuestra salida, tampoco le guste.
Por fin, aparece el taxista y gran alegría para todos y en especial entre los poseedores de "su" pasaporte. Se empieza a ver la salida inminente.
Con el OK del puesto de policía, nos acercamos hasta la frontera a unos pocos Km., allí nos darán el sello de salida y se acabo la pesadilla. Nos despedimos del guía y del policía, que la verdad se les veía muy preocupados por la situación en que se quedaban. También estaban por allí la misma gente del camping, los de pinta de polis, de Serdeles, pero que no sabemos si realmente estaban allí por nosotros o no, pero demasiada casualidad. Tardaron un buen rato en ponernos el maldito sello, pero por fin estábamos fuera de Libia, con el alivio nuestro y de nuestras familias, que han sufrido bastante más que nosotros, pues la incomunicación fue el mayor de sus suplicios. Encima, y de eso me enteré después, mi Spot fue confiscado por el Ministerio de Exteriores, que también estaba metido en el lío, por si tuvieran que meter un helicóptero a nuestro rescate y así conocer sólo ellos nuestras coordenadas. Nuestras familias se quedaron sin el único medio de contacto que tenían con nosotros.
Para acercarnos hasta la frontera con Argelia hay un territorio de unos 10 Km. de tierra de nadie. Es una pista estrecha con colinas a los lados y desde el camión veíamos a gente armada que nos observaban. Nosotros no podíamos distinguir quienes eran, pues podían ser tranquilamente gente de Al-quaeda que viven a sus anchas por estos lares. O sea, que igual hemos ido de Guatemala a guatepeor, pensé. Después de un rato nos salen al camino y resultaron ser militares argelinos que custodian su frontera, algunos Km. antes de la misma.
La odisea continúa
Ya se respiraba una tranquilidad que en los 2 últimos días no habíamos tenido. Pero nada más lejos de la realidad, los problemas no habían terminado. Nosotros, más tranquilos después de las palabras del Cónsul, que nos decía que al otro lado estaban esperándonos la gendarmería argelina para custodiarnos hasta Argel, nos llevamos la sorpresa, primero de que los militares no sabían o no querían saber nada de nuestra situación y cuando llegamos al puesto fronterizo, los agentes de allí, tampoco sabían nada y había que seguir el proceso habitual, es decir preparar unos visados para 5 días y poder entrar en el país, hacer una importación temporal de cada moto, cada camión, etc. y todo el papeleo de una entrada en un país africano. Todo esto nos llevo 8 horas en el puesto fronterizo, allí no hay ordenadores, todo lo hacen a mano y escriben a la velocidad de mi sobrina de 5 años, después de todo lo que llevábamos encima y creyendo que una vez en Argelia iba ser coser y cantar nos encontramos con un muro de burocracia, difícil de entender.
Tras tener que hablar otra vez con el Cónsul para solucionar todo el papeleo estábamos con los motores en marcha, dispuestos a salir de aquella otra pesadilla. El miedo que tienen a caer en una emboscada de Al-quaeda es tan grande, que van a venir con nosotros 3 Patrol con 5 gendarmes cada uno, armados hasta los dientes para protegernos de "los malos". Y eso hasta Argel que está a más de 2500 Km. de distancia.
Llegamos a Djanet y nos hospedamos en un hotel, que estaba bastante bien, para lo que hay por estos lares. A la mañana siguiente el grupo de los 15, tenían que sacar un billete de avión para volar a Argel y los camioneros, en los que me incluyo, seguir ruta por la carretera. Nos despedimos del grueso de la expedición, pues por fin habían conseguido sacar billetes de avión y para nosotros aún quedaba un duro viaje, por una carretera, en la que cada 100 Km. aproximadamente hacían relevo la gendarmería que nos custodiaba y era como en una película. Si parábamos a estirar las piernas, o a repostar o a tomar un bocado, salían rápidamente de sus vehículos, rodeaban a los camiones, uno se apostaba en la colina, otro detrás de un árbol y parecían los "hombres de Harrelson", aquella serie de los años 80.
En una ocasión que paramos en un restaurante a cenar, nos tuvieron que abrir un comedor en el sótano para nosotros, un gendarme metralleta en mano, se colocó de espaldas a nosotros a unos 2 metros de la mesa, otro a 5 metros en la escalera, otros 8 en la puerta y el resto guardando los camiones. Yo realmente pensaba,¡que fantasmada!, estos han vistos más películas.., pero realmente la cosa era grave por que según nos contó después el cónsul, los 3 camiones cargados de 15 motos, más un buggy, eran un caramelo para los de Al-quaeda y sus secuaces. Así que de fantasmada nada.
Por lo que vi desde el camión, es una pena también la situación que vive Argelia, porque los desiertos del sur tienen una pinta magnifica y bien podrían ser un destino en el futuro. Sé de gente que ha viajado últimamente por Argelia, y que tanto la ruta como la compañía, tiene que ser obligatoriamente con la gendarmería a tu lado. Ellos te marcan el recorrido y las paradas, donde duermes, etc. etc., así que nada, de momento en ese plan no se puede ir.
Un cuento con final feliz
Volviendo a nuestro viaje, en Argel nos esperaba el Cónsul, esa noche nos esperaba una buena cena de pescado, en un restaurante cerca del puerto, allí el cónsul nos contó al detalle, todo lo que tuvieron que hacer para poder sacar a todos y en especial a nosotros y desde estas líneas quería aprovechar para agradecerle a él, al jefe de seguridad de Repsol, al hijo de un miembro de la expedición, que seguro que prefiere que no le nombre, y que también movió hilos en el Ministerio de Exteriores y se desvivió para ayudarnos y a mucha más gente por su saber estar y su paciencia en situaciones como éstas. También a las familias por el mal trago que les hicimos pasar.
Yo volé desde Argel hacia Barcelona, con el último problema presente, pues los visados que hicieron para 5 días se habían caducado y era posible que me negaran la salida, cosa que no sucedió y por fin pude salir de África. Que dicho sea de paso ya tenía ganas. Pero los camiones tenían que embarcar en Oran con destino Alicante 4 días después, no tenían billete para el ferry, pero consiguieron entrar en el último momento y aún tardaron casi una semana más en llegar a sus casas, desde que les dejé.
Cuando la cosa se calme en Libia y se pueda volver con total seguridad y espero que sea dentro de no muchos años, hay un desierto que me vuelve loco y seguro que volveré con el club KAT 1, lo que no sé que cacharro me subiré al camión...
Texto y fotos: Fernando Arregui